Invierno del año 9502 d.C.
Me senté junto a la ventana a mirar la nieve en el suelo, restos de la nevada de anoche. En ese castillo, mi calabozo de recuerdos, una vida dedicada a la soledad y al deseo. Mi madre, reina Margaret Vaughn de Tara, celebraba junto con mi padre la visita del príncipe Jonathan de Francia, que hacia unos días que no visitaba el castillo, supongo trataba con mi padre asuntos de tierras… Mi madre no me dejaba salir más allá del reino, creía que podía ocurrirme algún accidente, pero yo suponía, no habría nada de malo pasear por las calles… en fin… Bueno, una mañana de ese frió invierno, Salí del castillo ya que había salido el sol y camine hacia la laguna, mas allá de los jardines, mire de reojo los peces que brincaban y salpicaban mi vestido, y descubrí lo afortunados, que eran al comprender que al igual que yo, vivirían su vida entera en el mismo lugar. Continué caminando hacia el lado del bosque, y me encontré con cientos de árboles y sentí frió, un cedro, un roble, un encino, un anhelo, fue esa la muerte de la nada? O fue el frió de la muerte?... No lo creo, Monté mi caballo, sin importarme, mi vestido de plata, vamos, caballo dragón, hasta lo mas oscuro y profundo del reino, me llevo cuando ya era una estrella fugaz, mas aprisa por que vi sangre en el cielo no imaginaba quien osaba lastimar al sol, quien lo hacia llorar, veloz, una estrella pasó la segunda por allá, quien hacía llorar al sol? Sol vampiro, no debías agobiarte, que ese entonces no sabía que eras tu, solía pensar que eras un ángel con destellante cabello de oro, o acaso la mirada del propio Dios, que no podía yo ver de frente, y en la gélida noche, a donde partías? No lo sabía y me gustaba dudar si vigilabas el otro lado del mundo, o simplemente dormías… Y por llorar por el sol, caí esa tarde del cielo, y lastimé mis manos y mi vestido de plata, estaba todo manchado, entré al castillo, el Príncipe ya había llegado, Buenas Tardes, caballero, mi madre me dio la mano, y me ayudó a subir las escaleras. Con permiso, yo los dejos, y se quedó ahí con mi padre, Charles Vaughn de Tara, mientras mi buena madre, curó mis manos.
02 de Diciembre de 1981
Querido diario:
Hoy fuimos Emily y yo al hospital, y los resultados de sus análisis de los que escribí la semana pasada nos han dado una terrible sorpresa, ya que dicen los especialistas que no descartan una posibilidad de cáncer… Qué pesar! He visto en el camino de mi carrera la dificultad de aceptar una enfermedad terminal, y sólo me queda una cosa, sólo me queda esperar… Momento, caballero! He ido demasiado aprisa, no pisotearé mis esperanzas, Emily estará bien, no pensaré en lo que no debo… O podría volverme loco, como mi paciente, el señor Wolf, el que se cree trompo y vive su vida solo dando vueltas en un pie, qué grato sería, no tener preocupación alguna mas que por la gravedad, o por saber, cuando termina una vuelta y cuando empieza la siguiente, o como la Sra. Ducret, ella que se cree árbol, y arranca sus cabellos todo el tiempo, creyendo que es tiempo de podarse, si ,si en mi locura creyera ser un árbol, mi única preocupación sería, sonreír a los pajarillos, que en mi locura, descansan en mis ramas, o preocuparme, por saber cuando llega el otoño… O el Sr. Phillip, el que corre de un lado a otro sin parar… Qué experiencias vive uno por el oficio de psiquiatra… Hoy, solo atendí a una paciente, la joven Laurette, llegué a su casa y me pasaron a la sala, y los padres de la joven, estaban llorando, y pregunté, porqué lloraban, y la Sra. Margaret, ahogada en llanto, me respondió que mirara a la ventana, y observe… Estaba la joven Laurette, brincando en un pequeño charco, restos de la nevada de hoy por la mañana, después, subió al árbol de toronja que tenía el pequeño jardín y se dedico a mirar el sol del atardecer… pero éste la encandiló y por tallar sus ojos perdió el equilibrio y cayó del árbol, y lastimó sus manos, entró a casa rápidamente, y sonrojada, me miró fijamente, y su madre se precipitó a ayudarla a caminar, para curar su mano, me quedé con su padre, el Sr. Charles, y viendo a Laurette a retirada, se soltó a llorar… Sabía, que su enfermedad empeoraba, y yo por ello, no podía ya hacer nada… Así es el oficio de ser psiquiatra, deseando, estar en el lugar del loco, que su única preocupación, es desempeñar el papel, que su locura le ha destinado.
Jonathan
Primavera del año 9585 d.C.
Jamás había imaginado, cómo sería vivir, una vida sin la soledad que me impregnaba, y que en esa muerta primavera, se esfumó. Mi madre todavía, no me perdonaba mi condena, de salir fuera del reino, a ver caminar, correr y cantar a la gente, ella decía que yo lo tenía todo, tal vez, lo intento, pero aun no lo creo… El príncipe Jonathan iba casi diario a mi castillo, aunque ya no iba con mi padre, yo lo sé, que iba conmigo, ese entonces le interesaba, a veces, salíamos a caminar por el bosque del reino, platicábamos, horas y horas, todo el tiempo, a veces me tomaba de la mano, creía, sentía que nos estábamos enamorando. A veces platicaba el con mi padre, y yo asomada tras la cortina, los miraba, qué podía hacer yo, si el amor tocaba a mi puerta, esa primavera muerta, y a la fecha no me arrepiento de no haberlo ignorado. Él y yo salimos a pasear y caminamos en los campos, montamos ambos un recuerdo que temblé de amor, me tomó en sus brazos, y me llevó a mi cama, y me quedé dormida, mientras acariciaba mi cabello, y cuando desperté una nota al lado de mi cama, que decía: “Mañana volveré” Príncipe Jonathan… Y qué hermoso era vivir, una vida sin soledad, la soledad, que de mi vida se esfumaba, y con mi dolor, dentro de ese viejo calabozo de recuerdos, y aquí termina la historia del pasado, y pronto comenzará la de mi presente.
28 de Abril de 1982
Querido diario:
Gracias a los reconocimientos del año pasado, los Directores del hospital han estado valorando un poco mejor mi trabajo. Emily…pues… un poco mejor ya, de la última vez que escribí , aunque sé que no volverá a salir de la cama del hospital… Sé que su enfermedad, es terminal, pero yo estoy resignado, la amo, y también se que solo lograremos, nuestro segundo aniversario, aunque no desistiré por su vida… La muerte, es una cadena perpetua de incertidumbre para el moribundo, y para la familia, de pena. El Sr. Lorowitz, el del cuarto 125, el señor que se cree gusano, hoy en la mañana, corrió por todo el pasillo y se estampó en la pared, y cuando le pregunté que sucedía, me respondió, que nunca había visto una manzana como esa, en toda su vida de gusano… y el pequeño Brandon, que a todos los enfermos despierta a las 6 de la mañana por que cree ser gallo, cacaraquea y anda buscando gusanitos, claro que Lorowitz no puede ni verlo, por que llora y grita con terror. Hace 3 días que fue la última cita con los Vaughn, las citas han sido cada vez mas frecuentes, debido al empeoro del estado de la joven Laurette. Ése día sucedió algo terrible, caminábamos Laurette y yo en el jardín de su casa, mientras ella se quedó solamente viendo alrededor, yo aproveché para ir con su padre Charles, y le comenté la idea de internar a la joven, y él desafortunadamente consideró que mi propuesta la había fundamentado con bases de lucro, sus padres no quieren a la fecha aceptar que ella necesita atención médica permanente. Bueno. Prosigo, salí de nuevo, y nos sentamos en un tronco de árbol que se encontraba en el suelo, ya se le dificultaba a ella caminar, tengo que sostenerla del brazo… Ella nunca habla, nunca ha dicho una palabra en todo el tiempo que la he conocido, pero aún así, yo converso con ella, le hablo, de esto, de aquello, para que no se sienta sola. Caminamos un rato mas, e inesperadamente se desmayó en el jardín, solo así, traté de sentir su pulso, pero, la joven empezó a convulsionar, entonces, la cargue en mis brazos, y la lleve a su habitación, llamé rápidamente a sus padres, y le dieron de tomar algunas pastillas, se tranquilizó y quedó, profundamente dormida, pregunté a Margaret si esto había ocurrido antes, y me dijo que sí, pero no querían que decirme por miedo a internarla… Yo le respondí, que la joven solo sería internada bajo la autorización de los padres, y le dije, que reconsideraran mi respuesta… dijeron que lo harían. Y dejé una nota en el buró, que decía: “Mañana volveré” Dr. Jonathan W. Mañana, a levantarme temprano, Emily me necesita ahora más que nunca. Y Laurette, empezará a necesitarme…
Jonathan
Verano del 9617 d.C.
Es éste mi presente, ahora en esta fecha, está decidido, el príncipe Jonathan y yo, estamos enamorados, estoy, viviendo de una vida de ensueño, mi felicidad es plena. Este año, será el año de nuestra boda, a veces, íbamos a su palacio a hacer algunas decoraciones y a transportar algunas de mis pertenencias, ropa y objetos, que tendré que llevarme a mi nuevo palacio. Y esta noche, noche de ceremonia nupcial, bailaré con el, en la bóveda del níveo mármol, ésta que será mi nuevo hogar, y desvanezco mis pensamientos, al ver que aparece… Y mirando el vitral, el musgo, anhelo, sueño o deseo? O simplemente debo? Como es, como siente, como aparece en la bóveda el príncipe en la noche de mascaras. Baja, baja las escaleras lentamente, desciende hacia el suelo y voltea… creo que me observa… y me hace temblar, y el enredo que se encuentra detrás de su máscara me hace recordar, la telaraña de dulces deseos que empalagan mi mente, toma mi talle entre sus brazos, y siento que estoy flotando entre las nubes de terciopelo, baila, caballero, con tu mascara de risa, y bajo ella, creo, tu carita de ángel llora, y la mía, máscara de roca, para impedir que tus ojos vean, como los míos mueren, por que no creo aun posible, que alguien como tu, pueda desposar ahora… a algo como yo. Este, es ahora mi castillo, mi destino en eternidad, y de emoción, no puedo ni hablar, pero aun así, el Príncipe sabe, que estoy feliz, y que soy eternamente suya.
18 de junio de 1982
Querido diario:
Aún, lloro lágrimas negras por la muerte de mi mujer, Emily, como la extraño… su muerte ha sido para mi el peor de los despojos… pero eh sabido, superar la desesperación de la soledad. Trato, de no estropear más mi corazón de recuerdos… La joven Laurette, cada vez peor, aunque sus padres se hayan decidido por internarla en el hospital psiquiátrico, después de tantas visitas. Estaba ella, en su cuarto blanco correspondiente, cuando de estar mirando a la ventana, tuvo una crisis nerviosa, bajé la escalera rápidamente, miré que empezaba a convulsionar, entonces, puse mi cubre bocas y ella lo miraba fijamente, y antes de que cayera al suelo, la sostuve como pude de la espalda y la cintura, y entre forcejeo y forcejeo, logré que saliera de ese trance, le puse una máscara de oxígeno, y rogué a Dios, que no se llevara a Laurette, y derramé mientras le gritaba, lágrimas de impotencia, unas lágrimas en silencio que el cubre bocas absorbía impidiendo ser percibidas, y también observé, que bajo su mascara de oxígeno, también ella lloraba, con los ojos cerrados, derramaba inocentes lágrimas, por que no sabía que le estaba sucediendo… y después de tanto tiempo, conocí al fin su voz, cuando argumentó: “Soy eternamente tuya”. Conocí su voz, y al saber, que mis manos depositaba, sea su vida o sea su muerte, preferí permanecer callado.
Jonathan
Otoño del 9701 d.C.
Así, como soy, soy como era, pero, lo amo demasiado, y él, que solo me ve y se voltea, que me hace uno y mil desplantes, que me hace temblar de incertidumbre, esta vez no se, si me abrazará con ternura, acariciará mis cabellos, o me verá con esa mirada que veo tan gris y fría, que me clava espadas en todo el cuerpo, y tras una lágrima y otra, una suya y tantas mías, le dije, que me iría de ese lugar, se que el amor duele, pero, dejaré de ser totalmente fiel, a la promesa de ser eternamente suya, por que ahora, estoy en un lugar, donde no existe el frío pero el sol nunca salió, donde mi nombre Laurette, no es ya el sonido del viento cuando sopla, por que es este un lugar oscuro, donde ahora no se, quien fue él, ni quien era yo…
20 de junio de 1982
Querido diario:
La joven Vaughn ha perdido la conciencia, creo que será, la primer paciente que muera en mis manos, hoy por la mañana tuvo varias convulsiones, y yo, la ayudé en lo que Dios me permitió, cuando supe que no tenía remedio, evité mejor mirarla, para no recordar a Emily, tras su último arranque nerviosa, tras inyectarle diferentes calmantes, lloré una vez mas, y ella también lloro, apretó mi mano con la poca fuerza que le quedaba, y murió, y sólo me quedé ahí, sin poder hacer nada, y aun siendo un psiquiatra, yo que pensaba que la locura era, una manera mas fácil de vivir la vida, y ahora grito, una plegaría infectada, de furia y coraje, y maldigo ese pensamiento, porque conocí y envidié, la vida del que se creía gusano, y del que vivía su vida, como si fuera un árbol, pero ahora, temo a la locura, por que ni un psiquiatra, ni nadie en su sano juicio sabe, lo que siente un loco, cuando en su propia locura, cree estar sano.
Fin
August 8 2005, 15:47:00 UTC 6 years ago
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August 9 2005, 16:37:42 UTC 6 years ago